lunes, 6 de julio de 2009

Going backwards

Dédalo, no es la primera vez que te escribo. Esta vez no me hiciste alas enceradas, sólo me cortaste los hilos, con la brutalidad de un enemigo y me viste caer enredada a lo lejos.
Cierro los ojos y lo sueño, noche tras noche, sin esperanzas.
Acaso el destino lo puso ante mi para enseñarme a resignarme, a ver la montaña elevada e invulnerable de los imposibles y sólo sentarme a observarla. Porque para mi, una amistad nacida de una pasión muerta, no es un regalo de la vida, es un premio de consuelo. Las evito, sabes cómo las evito, pero esta vez no puedo. Me mato lentamente... a veces la agonía hace que me aleje espantada por el recuerdo del pueril amor de Eco (y el desprecio de su Narciso). Me siento desaparecer en la oscuridad aguardando una palabra...

2 comentarios:

Eugenio dijo...

Dejate de montañas imposibles.
Siempre me llama la atención los que quieren subir al Everest. Como con todo, es mejor el antes de tal que el tal.

Y si subes a la montaña de los imposibles, ¿Luego qué?

Que conste que lo entiendo: Yo también tuve mi montaña imposible, mi corazón izquierdo. Pero ahora me miro a mi yo de entonces y no sé como es que no salí del hoy más rápido.

Saṃsāra dijo...

Si, bueno, digamos que si subí a la montaña y luego me tuve que bajar en avión.
Creo que lo que realmente quería era vivir ahí al margen de la vida que dejaba atrás, pero era algo completamente irreal...
Y si, es cierto.. debo salir del hoy y de hecho saldré hoy a emborracharme un poco y a ver si encuentro alguna montaña que me impresione :S jajaja

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