A veces ... el cielo me sabe a violeta, el chocolate me huele a mandolina y la soledad se siente como una taza de café, cierro los ojos y ahí estoy hundida en el sofá y en un rato más, estoy saltando de puntitas en un interminable valle de flores amarillas y mariposas azules, algo similar a la felicidad entra violentamente a mis pulmones y los tiñe de rojo bermellón, cero nicotina. Cinco minutos después camino por una plaza de ladrillos blancos y plantas colgantes, hiedras rosadas y blancas, en el fondo se escucha tenuemente un clarinete ...más adelante me cruzo con gente en harapos, que camina sin inmutarse por mi presencia, avanzan lentamente y se detienen frente a las paredes de una casa gris, murmuran y huelen a orines, sigo caminando y me uno a ellas hasta que siento unas garras en mis hombros ... me elevo sobre un planeta con forma de manzana, pasan diez años y me suelta en una botella de vino tinto, me convierto en orujo... termino en la copa de una mujer, que acerca sus labios rojos y deja una marca en el borde; esto me desagrada terriblemente y salto de ahi convertida en una corriente de viento; me dedico un par de días en tratar de desprender bisoñés, lo logro un par de veces y decido que no es la mejor forma de pasar el tiempo considerando que son más frecuentes los transplantes... me incrusto en un espejo y desde atrás veo como si estuviera en todos los espejos del mundo; veo ancianos descubriendo nuevas arrugas, hombres arreglándose la corbata y afeitándose, mujeres acomodándose los senos en el brassiere y poniéndose de costado para ver que tanto pueden meter la panza, veo adolescentes mirándose muy de cerca la cara y niños maravillados con el invento, miro con detenimiento, con una fruición que me envuelve, pasan siglos hasta que descubro que puedo quitarles algo cada vez que se ponen frente a mi, a los ancianos les quito la sabiduría y a los jóvenes les quito inocencia; me voy convirtiendo en una esfera turquesa, que va curvando los espejos del mundo hasta que los hago trizas y me elevo al cielo nuevamente liberada de esa prisión unipersonal, desde arriba el mundo se ha convertido en un reloj que marcan las 2:30 pm, bostezo y me estiro y voy al baño a lavarme la cara para volver al trabajo... no sin antes mirarme al espejo y asentar algunos cabellos rebeldes... y otra vez vuelo...
Lö

