Para entrar a la oficina existe un camino predefinido, y sin opción a error, porque el edificio tiene la particularidad de abrir y cerrar puertas, crear túneles, extenderse y comprimirse, en una suerte de contraseña en la que unos minutos de más o de menos determinan quedarte encerrado en él. No existe protestas, no te cruzas con nadie más en el camino. Al sentarnos en nuestros sitios sentimos el movimiento suave del edificio al compás del rumor de las tuercas y engranajes en acción, un baile mecánico interminable.
Hoy es el aniversario de la empresa, habrá una gran celebración. Al bajar vemos rostros desconocidos, bromeamos al respecto, Jack es condenadamente gracioso, David sólo sonríe. Vemos una banda de músicos con uniformes rojos y aplicaciones doradas, como soldados de juguete. Uno de los concursos y el más esperado es una competencia para llegar a la cima del edificio, las reglas son simples:
1. Sólo entra una persona a la vez.
2. Todos los caminos llevan a la meta si es que sabes leer las señales.
3. Sólo tienes 3 minutos para hacerlo.
David y yo decidimos ir, entramos a una sala de espera con los demás participantes, hay un televisor en un rack donde nos pasan videos institucionales, pero nada me permite saber que es lo que hago exactamente ahí. Uno a uno van entrando sin llegar a la salida, entonces me llaman...
Entro por la puerta de siempre, pero esta vez el sitio al que llego es desconocido, las paredes se van acercando violentamente, hasta que quedo en una caja de 1.5 de lado. Todo empieza a vibrar como una maraca y soy expectorada del edificio para caer de pie al lado de Jack.
Es el turno de David, veo a través de sus ojos la puerta por la que entré, David corre y sube una escalera, todo se va oscureciendo y las paredes laterales se acercan, hasta que se ve corriendo en un túnel rojizo sin salida aparente, se deja guiar por una suave corriente de aire, tal vez haya sido el camino equivocado, las paredes le hablan... siente en las entrañas el llamado de la salida, y se imagina sentado frente a un computador haciendo lo de cada día, pagando cuentas, haciéndolo todo bien (por su bien)... David duda, pero sabe que si se detiene acabará, corre y jadea y siente cada vez más fuerte el grito de la libertad ... sigue avanzando hasta que queda en una plataforma, abajo a medio metro está el centro del edificio, ve el eje girando como en un reloj antiguo, arriba la salida, el cielo azulado y nubes blancas, como las que dibujaba de niño en la escuela. David retrocede y toma impulso. La perspectiva es ahora desde afuera, desde arriba lo veo saltar, mirar al cielo, mostrar su dedo medio y golpear con su pie el centro del edificio en una escena épica, donde él es un semidios griego atacando a la bestia, héroe y tirano a la vez, el edificio se desmorona como una torre de naipes y David se funde entre los fierros retorcidos. Una nube gris sube y oscurece el cielo que soñó por tanto tiempo...
Fin del sueño...
Lö
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