Y mientras todo eso pasaba, muchas almas como aviones de papel surcaban las ventanas y desaparecían sigilosas y sin gloria.
No me importaba nada... pronto me dediqué a culparte, a maldecir el día en que nos perdimos, a aferrarme a la primera imagen, el primer beso, la primera ráfaga de deseo... te odie, escuchaba en mi cabeza una canción lastímera... el rencor hiere menos que el olvido... y lloraba por dentro cuando el orgullo me contenía las lágrimas. Debía encontrar otro objeto de afecto, era una necesidad tan grande como la angustia que se formaba en mi garganta... lo intenté, metódicamente en incontables oportunidades, mi problema no era obtener atención, era no cuestionar a las personas, no matarlas dentro de mi... me convertí en un serial killer de posibilidades.
Y es tan irónico, porque nunca vi perfección en él... en nadie, todos los defectos de ese, aquel... estaban identificados y etiquetados pulcramente en mis pensamientos...
Sabía muy bien sus problemas, su carácter, lo desagradable que podía ser... pero tenía presente la lección de la incondicional, de ese bolero falaz... no importaba lo mierda que fuera, no tenía control sobre mis sentimientos... estaba enamorada y por eso el mundo pasó a segundo plano... al terminarse todo... yo podía revolcarme en el lodo de la lujuria y salir con el mismo sentimiento puro y simplón del inicio... y no temía ensuciarme porque en algún momento mi espíritu se desprendió de mi cuerpo y salió volando como un globo con helio, al infinito y más allá... a no menos de 4000 km de donde estoy sin dudas...
Otra vez, desfallecía tras la puerta, con mil cosas en la cabeza, muchas escritas en la pizarra... me contaron que estabas bien, que no mencionaste mi nombre, pero que estabas bien.
Entendí, en una lección recurrente (como cuando te enseñan un idioma con el método más tedioso pero que termina siendo efectivo) que ese sentimiento puro y primitivo que tanto defendía se había convertido en un ilusión, en la ilusión cloaca como definiría Sábato, algo que aborrecía y que me aborrecía, algo que me corrompía y extraía lo peor de mi en pedazos descarnados... pero qué se hace con las ilusiones? las vives, las matas, las hacs durar hasta el último suspiro para complacer a tu drama queen interior....... yo aún quiero verlo, en esa isla en la que nos imaginamos, para ensuciarnos por última vez antes de morir ahogados... sé que es un capricho, lo se... se que me enamoraré de alguien más, lo sé... porque así son estas historias, como en los cuentos de hada: los amantes terminan juntos y felices por siempre... se cierra el libro y se empieza el otro...
Lö
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