Y reconocí en ella la loca arribista que recordé ayer, las conversaciones que tuvimos por la noche me despejaron todas las dudas y sólo pude mirarla en el éxtasis en esa densa nube de la desvergüenza, en el olor a canela y el sabor a crayón. Mientras abría un ojo para ver si era de día, mi pensamiento se cubría de noche; la brújula se partía en mi pecho y le extendía los brazos. Entiéndeme nena. Mira el escombro y dentro del escombro la sonrisa pulida, las piernas cruzadas y el alma cargada de recuerdos de la infancia. Nos entendemos. Hinosenzia. Ya casi olvidamos cómo se escribía, porque ya dejamos de saber lo que era...
Lö
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