lunes, 22 de junio de 2009

Lunes

La prisión húmeda, el grillete en la pierna rehaciendo a cada tañir la larguísima angustia. Ahi estaba el perro, sentado en un laberinto de acero, las cabeza sobre las patas, las patas sobre una acera cualquiera. Cuerpos bastos y vastos, el sonido que nacía entre dientes se clavaba en las paredes, se abrían las puertas y te marcó la equis, la y griega y la zeta. El trueno les partió el lunes y fueron felices hasta el fin de sus días.

2 comentarios:

Christopher dijo...

... es misterioso tu relato. Encantador ...

Saṃsāra dijo...

gracias!! :)

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