jueves, 21 de mayo de 2009

5 minutos

En ese momento se sentó rendida en la silla, giró un poco y se quedó viendo la pantalla de la máquina como si en ella se encontraran las respuestas primarias a todas las preguntas que se hizo en su vida. Sentía el olor a manzanilla que emanaba del vaso descartable, pero lo que más sentía era el dolor intenso en su estómago, donde tenía la burbuja de aire más grande del mundo comprimiéndole todos los órganos en reclamo por el último roll de sushi que comió en el almuerzo. Sentía la intoxicante media hora que faltaba para salir de ahí y un ardor tenue en la comisura de los labios que atribuyó a otro exceso: el de sujetarse el labio inferior cuando pensaba mucho. Escuchaba a Rita Lee y jugueteaba con sus uñas pensando, pensando. Ahora ve por el rabillo del ojo que el chico que se sienta al lado la miró por un momento, indudablemente reacciona a los quejidos y bufidos de impotencia que se le escapan por ratos. Mira el reloj, sólo pasaron tres minutos desde que empezó a escribir esto. En un momento caminará por la calle fría y sentirá la garúa enfriar su nariz y sus hombros; irá a algún centro comercial y comprará una camisa talla M para su hermano que cumple años al día siguiente. Pagará con el billete de 100 soles que tiene en el monedero y esperará recibir monedas para subir al primer bus que la lleve a su casa. Se acostará en la cama esperando que se extingan los últimos dolores, tomará un par de aspirinas y caerá lentamente en el letargo y luego en un sueño... ahí es donde la aventura comienza. 5 minutos.

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