A mi izquierda un libro con ilustraciones de Degas descansa con la punta superior de la página diez doblada, cinco centímetros más allá, una taza vacía y fría se deja ver con cierto patetismo, como si hubiese pasado por aquí el viento inclemente de la nostalgia, como si hubiese estado en esa pequeña mesita en la habitación de Van Gogh.
Lejos de aquí, las olas golpean los riscos, unos segundos después caen las piedras apiladas que dejaron unos niños que jugaron cerca, hasta que el cielo se puso rojizo... y rojizo es el color del tiempo, las rocas fueron amores y las olas son tormentos... y los niños, son sólo parte del cuento.
Ahora me quedo pensando es esa tristeza latente que sigue aquí adentro, que me dibuja esas sombrías miradas que evité para poder dormir por las noches...y pienso en la única persona que podía cambiar (reformar) mi incredulidad hacia la felicidad... aunque el precio hubiese sido extinguir esa parte de mi de la que me enorgullezco tanto y que aborrezco casi en la misma medida... hoy pienso que habría valido la pena…
Apenas surge ese fugaz pensamiento siento mi cerebro estrujado por la racionalidad, por el sentido común, por un inconsciente deseo de redención… por qué siendo yo tan exigente… esperaba que esa persona no quisiera cambiar algo de mí, porque el cariño no es incondicional, por qué hace tanto frío, por qué dibujar líneas cuando se pueden hacer curvas…
Todo lo que he amado es ahora una nube amorfa de pendientes y proyectos…
Todo menos Él
Y mil veces… my good opinion once lost, is lost forever…
Si los para siempre duraran minutos, ya habría dado muchas vidas eternas.
Golpe de puño sobre la cama, la cucharilla tintinea en la taza…
Si los para siempre vinieran con esperanza… soñaría con algo que no me recuerde a ti, ni a mi, ni a nada...
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